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Antiguo 01-03-2013, 13:56:21
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Predeterminado La incertidumbre

¿Por qué no contestabas? ¿qué resultados tendrán las analíticas? ¿cuál será el resultado del test? ¿estás enojad@ conmigo? ¿por qué no ha vuelo a casa todavía?¿perderé el trabajo?¿tendré hijos?¿haré bien el trabajo?
Preguntas que conmocionan nuestro cuerpo, sentimos una mezcla de temor a que la realidad conteste a la pregunta y al mismo tiempo una desesperada necesidad de respuesta, sentimos incertidumbre.
Ésta emoción pone en marcha un mundo de fantasías que llena el vacío del “no saber qué pasó o pasará”, pero pronto tendrá su encuentro crudo con la realidad.
Antes de continuar leyendo sería interesante que pienses en aquella pregunta con la cual te sientes identificado y que despierta en ti la incertidumbre.
La incertidumbre puede estar dirigida hacia dos direcciones:
• Hacia el futuro: no sabemos qué sucederá con nuestro futuro económico, amoroso, social. El hecho de no saber qué va a pasar puede producirnos un estado de parálisis, no sabemos qué hacer. Lo que puede ayudarnos a superar ésta emoción es buscar información sobre la realidad para que nos dé marcos de referencias y así poder evaluar las posibilidades de lo que pueda suceder y de qué forma se podría actuar en cada caso.
• Hacia el pasado: se aclara respondiendo a la pregunta ¿Qué ha pasado? Y es la que quisiera desarrollar en éste artículo, ya que su gestión y resolución dependen más de nosotros mismos y varía en la progresión del proceso psicoterapéutico.
La conciencia no sabe lo que está pasando por eso nuestros temores, nuestros anhelos se hacen presente en forma de pensamientos y emociones que llenan nuestro ser, la única escapatoria que sentimos posible es saber lo que pasa, aunque a veces nos resistimos de ello y hay que dar el gran paso para “preguntar”, salir de las elucubraciones y animarnos a encontrarnos con la realidad sea cual sea ésta. Tememos la respuesta, sostenemos mucho tiempo la incertidumbre por temor a la respuesta de la realidad, que puede ser más cruel que nuestros propios fantasmas o más desconocidos que nuestros propios temores.
La incertidumbre nos otorga el beneficio de la duda. Todo aquello que pienso de malo puede no ser real, y todo aquello que imagino de bueno, lo seguirá siendo mientras no verifico con la realidad que puede no ser tan buena.
Es un estado de total confusión y certeza, una mezcla rara y explosiva que tiene sus efectos en el cuerpo, estamos inquietos, no podemos dormir, no podemos dejar de pensar en lo que creemos y tememos sobre lo que sucede o sucederá. Nos genera inseguridad, estrés, temor, ansiedad. La función saludable de ésta emoción es la de mantenernos en alerta y preparados para poder reaccionar en un eventual inconveniente y donde se necesita estar bien despiertos para tomar decisiones sobre la realidad. Gestionando correctamente ésta emoción puede ser nuestra aliada más que inmovilizarnos.
La incertidumbre es una emoción que tiene la habilidad de que nos despierta nuestros fantasmas más antiguos. Nos da un espacio para suponer que puede estar pasando o pasará y en ese mientras tanto surge todo nuestro material inconsciente regresivo, como el miedo al abandono, sentirnos no considerados, culpables por haber hecho algo mal, no sentirnos queridos y muchos más. A cada uno de nosotros se nos despierta el mundo imaginario personal, los temores infantiles y las defensas más propias de nosotros mismos.
Esta emoción nos da la posibilidad de conocernos en profundidad, conocer qué tememos, qué cosas creemos que nos hacen daño y qué nos ha marcado en nuestra historia infantil y que todavía no sanamos.
El tiempo de incertidumbre y la tolerancia a ella varía dependiendo del suceso y de nuestro crecimiento personal. Por mi propia experiencia y como psicóloga con mis pacientes, es evidente que a medida que vamos progresando en la psicoterapia, buscamos más rápidamente el encuentro con la realidad, toleramos menos los momentos de fantasía, preferimos afrontar, lo antes posible, lo concreto. Por lo tanto nos movemos más rápido hacia la búsqueda de las respuestas y nos inquieta menos el futuro. Esta forma de gestionar la incertidumbre hace que el punto de referencia esté puesto en el presente, en lo que me está pasando ahora y hace más tolerable tanto el pasado como el futuro.
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