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¿se Puede Cambiar El Pasado?

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en El rincón secreto
Última: 17/3/2017 por buscandome1

¿SE PUEDE CAMBIAR EL PASADO? En mi opinión, acceder al pasado nos puede aportar tanto satisfacciones y experiencia como nostalgias de esas que son crueles y producen dolor. Y no es solamente por los hechos históricos que sucedieron, que son innegables como tales, sino porque a cada recuerdo que archivamos en nuestra memoria le adjuntamos –de un modo indisoluble- unos sentimientos o...

La Vida No Tiene Sentido

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en El rincón secreto
Creado: 17/3/2017

LA VIDA NO TIENE SENTIDO En mi opinión, la vida, por sí misma, no tiene un sentido salvo el de caminar imparable e inevitablemente hacia la muerte. Cualquier otro sentido que se desee para la vida -para ese espacio que abarca desde el nacimiento hasta la muerte-, lo tiene que aportar uno mismo. Cada uno mismo. Si la vida –como naturaleza o cosa general, sin personalizarla en cada...

Dejemos Huella

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en El rincón secreto
Creado: 17/3/2017

DEJEMOS HUELLA En mi opinión, una vida en la que no dejemos huella de algún modo, en alguna parte, en alguien, será una vida a la que le falte algo. No será una vida completa. Y no se trata de marcar un hito y aparecer después en los libros de Historia. No se trata de deslumbrar al mundo, porque no todos estamos capacitados para ello. No es imprescindible ocupar la portada de los...

Antes Que Amar A Dios

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en El rincón secreto
Creado: 17/3/2017

ANTES QUE AMAR A DIOS “Antes de servir a los Dioses, preocúpate de servir a los hombres que te rodean, de hacerlos nobles, valerosos, honrados, justos y virtuosos; y una vez realizado lo anterior, dedícate a los Dioses.” (Confucio) En mi opinión, hay que atender antes a los hombres que a Dios. Y no porque los hombres sean más importantes, sino porque quien no es capaz de llegar a...

Convierte Lo Irrepetible En Inolvidable

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en El rincón secreto
Creado: 13/1/2017

CONVIERTE LO IRREPETIBLE EN INOLVIDABLE En mi opinión, dejamos que se vayan al olvido muchos momentos vacíos porque no les hemos dotado de algo interesante para que merezcan ser recordados, y también se van muchas cosas al recuerdo con menos intensidad de la que podrían tener. Es el destino de las cosas que nos pasan: el recuerdo o el olvido, puesto que no existe la opción de la...

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¿se Puede Cambiar El Pasado?

buscandome1

, el Viernes, 17 de Marzo de 2017 a las 16:28h en ¿se Puede Cambiar El Pasado?
¿SE PUEDE CAMBIAR EL PASADO?


En mi opinión, acceder al pasado nos puede aportar tanto satisfacciones y experiencia como nostalgias de esas que son crueles y producen dolor.

Y no es solamente por los hechos históricos que sucedieron, que son innegables como tales, sino porque a cada recuerdo que archivamos en nuestra memoria le adjuntamos –de un modo indisoluble- unos sentimientos o una clasificación, y no les permitimos escapar de ese añadido que, en demasiadas ocasiones, se convierte en una condena imperdonable, en un binomio del que aparentemente es imposible escapar.

Hay que aceptar que en los momentos de excesiva euforia, o en los trágicos y en los duros y no aceptados, se pierde la capacidad de ecuanimidad que es capaz de valorar los hechos en su justa medida, así que cuando sucede algo que nos encanta lo magnificamos aún más añadiéndole sentimientos o sensaciones que están incluso por encima de la realidad, y esa calificación a la larga tanto puede ser positiva como negativa.

El recuerdo con añoranza o nostalgia, pero con una sensación dolorosa porque ya pasó y no se podrá volver a repetir, cuando es con un estremecimiento frustrante, con una tristeza mala, es un enemigo que conviene no alimentar. El pasado pasó y eso no hay quien lo pueda modificar. Y empeñarse y empañarse porque ya no está aquí y ahora, ni podrá estar más, solamente aporta un estado inquietante de descontrol y descentramiento que oscurece la maravilla que es la vida.

El recuerdo con alegría por aquello que tuvo su momento y sucedió, por aquello a lo que le adjudicamos la etiqueta de bueno y añadimos las de todos sus sinónimos, es excelente. Nos aporta un sentimiento de que la vida es grandiosa –aunque algunas cosas no se puedan volver a repetir-.

Quedarse con lo positivo es lo acertado. Es lo que enriquece y aporta satisfacción.

Por otra parte, los hechos del pasado que hemos etiquetado con una definición funesta, que hemos adjetivado como malas –o cualquiera de sus sinónimos-, nos van a perseguir intentando contagiarnos de su tragedia y tiñendo de desconsuelo todo el resto de cosas que componen la vida, porque desde su pesimismo nefasto no son capaces de dejarnos un espacio para que nuestra capacidad de comprender cumpla su tarea y se dé cuenta de la verdad que hay tras la aparente desdicha de lo que sucedió.

El hecho histórico de lo que sucedió es inamovible, pero la etiqueta que le hemos puesto sí la podemos cambiar. Y eso es lo bueno.

¿Cómo?

Trayendo el pasado al presente y exponiéndolo desmenuzado y con toda la ecuanimidad, desapasionadamente, sin prejuicios ni pre-juicios, revisando los hechos tal como fueron y no como los hemos querido archivar en el almacén de los recuerdos, viéndolos desde la objetividad comprensiva, con el corazón abierto y el discernimiento atento. Como si le hubieran sucedido a otra persona.

Es posible que tengamos archivado el ladrido de un chihuahua que nos asustó en nuestra infancia -aunque estaba amarrado con una cadena- como un ataque agresivo de una manada de lobos hambrientos lanzándose directamente a nuestro cuello. O que una palabra inocente dicha sin mal propósito la tengamos en el cajón de las ofensas más graves y malintencionadas. O como algo gravoso -como entonces supusimos- aquello que hizo nuestra amiga, lo que no hizo nuestro familiar, lo que sucedió, lo que otro opinó, que no ocurriera lo que deseábamos que sucediera…

Y si fuésemos capaces de comprenderlo con nuestra comprensión actual y nos hiciésemos ver a nosotros mismos el tamaño real de las cosas, la falta de mala intención, lo equivocado de nuestro juicio, o que no era tan grave y no era para tanto, eso nos descargaría en parte de una pesada losa que cargamos donde están anotadas, con nuestra propia sangre, las cosas que no nos han gustado pero porque no han sucedido como –tal vez injustamente y sin lógica- deseábamos.

Hay que entender algo claramente: es uno mismo, y nadie más, el que paga -con su tristeza y su estado de frustración- por no querer aceptar sin condiciones que el pasado no miente en cuanto a los hechos pero puede estar muy equivocado en cuanto a las intenciones.

Hay que desdramatizar la vida y lo que sucede a lo largo de ella.

Ni el mundo ni los otros van a hacer siempre las cosas como nosotros queremos –porque, además, es posible que estemos equivocados en lo que queremos- y eso hay que aceptarlo sin que sea una hecatombe, ni el suceso más siniestro, ni lo peor que nos podía pasar, ni la confabulación universal contra nosotros.

Conviene traer lo pasado desagradable al presente, y despojarlo del rencor, darle la vuelta y airearlo, sacarle brillo poniéndole una luz nueva, dejar que se tranquilice, pulir sus aristas, y acogerlo sin más como lo que realmente es: una experiencia, una oportunidad de darse cuenta y aprender, y un ejercicio para que nuestro ego y nuestra alma pongan cada cosa en su sitio.

Pruébalo y compruébalo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales


“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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Convierte Lo Irrepetible En Inolvidable

buscandome1

, el Viernes, 13 de Enero de 2017 a las 18:39h en Convierte Lo Irrepetible En Inolvidable
CONVIERTE LO IRREPETIBLE EN INOLVIDABLE


En mi opinión, dejamos que se vayan al olvido muchos momentos vacíos porque no les hemos dotado de algo interesante para que merezcan ser recordados, y también se van muchas cosas al recuerdo con menos intensidad de la que podrían tener.

Es el destino de las cosas que nos pasan: el recuerdo o el olvido, puesto que no existe la opción de la permanencia en el presente.

Algunas cosas se podrán volver a repetir –no exactamente igual, pero sí de un modo similar- y otras no, porque aquel momento, aquella situación, aquel estado emocional, aquellas personas… ya no están y por ello se convierten en irrepetibles.

Lo inolvidable –cuando es agradable- es una maravilla y una delicia. Es un milagro o una magia esto de que los humanos tengamos la capacidad de revivir con la memoria cosas que ya no existen, poder recrearlas con bastante exactitud, sentir de nuevo casi las mismas emociones, casi la misma presencia, casi las mismas palabras que se usaron.

Y podemos aprovechar más y mejor esta capacidad si hacemos que los momentos inolvidables realmente sean inolvidables.

Para ello se necesita de nuestra colaboración: tenemos que ser conscientes –muy conscientes- de que estamos viviendo un momento especial y hay que dedicarle toda la atención, emocionarse, llenarse los ojos y la memoria de ello, VIVIRLO, estar presente del todo y con todo, de modo que más adelante, cuando ya forme parte del pasado, tengamos toda la información necesaria para poder recrearlo con la mayor intensidad y fidelidad.

Cuando traemos el pasado a nuestro presente –que no es lo mismo y es mejor que pretender trasladarnos con la mente al pasado-, si llegamos hasta algo que se ha convertido en agradablemente inolvidable, eso nos provoca nostalgia, pero es una nostalgia o una melancolía que no llevan nada de dramatismo, sino que nos provocan una sonrisa, una sensación de agrado, a pesar de que alguien dentro de nosotros se va a quejar por no poder repetirlo, pero insisto en que el resumen es un agradecimiento satisfactorio y amable por poder haber estado allí y haber vivido aquello.

En cambio, y por el contrario, cuando se trata de algo irrepetible que no se vivió con atención, que se dejó ir vacío o a medias, por algo que uno calló cuando no debió callar o algo que dijo cuando no debió decirlo, o por algo que uno hizo o que no lo hizo, por que se desatendió el momento y no se procedió del modo apropiado… entonces es una gran frustración lo que se presenta, un reproche más o menos iracundo, una sensación desagradable de haber perdido una oportunidad que pudo ser excelente y que ahora se ha tornado en infortunio o en una desilusión inconsolable.

La atención continua es imprescindible para convertir la vida en VIDA.

Es conveniente estar atento, vigilante, consciente, totalmente en ello, y ser un observador incansable de la vida, de los momentos, de uno mismo y del Uno Mismo, para aprovechar cuando se presente una situación que sea más especial que otras, se VIVA, se deguste y disfrute, se llene de emociones, y se haga un milagro de ello.

Esta es mi invitación: QUE VIVAS UNA VIDA PLENA Y LLENA DE MOMENTOS INOLVIDABLES.

Y tú eres el alquimista que puede convertir la rutina en oro.

Te dejo con tus reflexiones…
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

Francisco de Sales

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Antes Que Amar A Dios

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, el Viernes, 17 de Marzo de 2017 a las 16:20h en Antes Que Amar A Dios
ANTES QUE AMAR A DIOS

“Antes de servir a los Dioses, preocúpate de servir a los hombres que te rodean, de hacerlos nobles, valerosos, honrados, justos y virtuosos; y una vez realizado lo anterior, dedícate a los Dioses.” (Confucio)

En mi opinión, hay que atender antes a los hombres que a Dios. Y no porque los hombres sean más importantes, sino porque quien no es capaz de llegar a amar al hombre, al Ser Humano, difícilmente será capaz de amar a Dios. Será imposible.

El Ser Humano puede ser, y ha de ser, el campo de entrenamiento en el que aprender a desarrollar el amor y la capacidad de amar.

Se equivoca quien piensa que el hombre no es digno de ser amado –por sus innumerables errores y defectos- y que sólo Dios es merecedor del amor más sublime que se pueda llegar a expresar.

El humano está más necesitado de amor que Dios.

Y es más difícil amar al humano -porque hay que demostrárselo físicamente- que amar de un modo simbólico y etéreo –sin necesidad de demostración física- a un Dios un poco idealizado y ya de por sí pletórico de bondades y maravillas.

Amar al hombre puede ser una consecuencia de amar a Dios, pero tal vez es más noble llegar a amar a Dios después de haberlo hecho con los hombres y las mujeres, con los que nos rodean, con quienes pueden ser beneficiarios directos y notables de esta cualidad tan hermosa que poseemos que es el amor y el amar.

El amor, y el amar, no ha de ser algo intangible, no ha de ser algo poco más que teórico, no ha de ser solamente una explosión mística de sentimientos idealizados, no ha de ser solamente una sublimación impalpable sino que ha de ser una realidad tangible, lo demostrable, lo que tiene un receptor beneficiario directo.

Antes de servir a Dios, antes de ofrendarle todo el amor glorioso, conviene poner los pies en tierra y servir a sus hijos –que también son Él-, conviene demostrar ser capaz de hacer lo más difícil –amar a los humanos- porque ello mismo, sin más esfuerzo ni dedicación, sin diferenciarlo, es amar directamente a Dios.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales


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Dejemos Huella

buscandome1

, el Viernes, 17 de Marzo de 2017 a las 16:23h en Dejemos Huella
DEJEMOS HUELLA


En mi opinión, una vida en la que no dejemos huella de algún modo, en alguna parte, en alguien, será una vida a la que le falte algo. No será una vida completa.

Y no se trata de marcar un hito y aparecer después en los libros de Historia. No se trata de deslumbrar al mundo, porque no todos estamos capacitados para ello. No es imprescindible ocupar la portada de los informativos.

Pero cualquier persona, cualquiera, deja su huella en la arena mojada… si se acerca a pisar la arena.

Cualquiera de nosotros, todos, podemos dejar una huella en el recuerdo de alguien, podemos hacer algo que evoque una sonrisa en la nostalgia de otro, podemos ocupar un lugar imborrable en otro corazón en el que provocaremos un agradable terremoto emocional cada vez que piense en nosotros.

Cualquiera de nosotros, todos, podemos crear un momento especial o mágico para otra persona, podemos provocarle una sonrisa profunda, podemos plantarle una semillita de esperanza, podemos hacerle creer en el futuro.

Tenemos la obligación moral -o divina-, de crear milagros en los demás o para los demás, y conseguir que en su vida exista algo especial de lo cual seamos protagonistas.

Es bueno ejercitar nuestro amor y compartirlo sin mesurar, y llegar hasta la parte más íntima de alguien, hasta ese lugar donde solamente llegan los elegidos, y ocuparlo, y es bueno compartir y compartirse, dar y darnos, regalar sonrisas y piropos, ser generosos de nuestra compañía, lograr que la evocación de nuestra persona vaya acompañado de una agradable emoción o de una señal de agradecimiento y cariño.

Es bueno participar en otras vidas de un modo altruista y amable, es bueno ser portador de abrazos y de paz, es bueno compartir una amistad que sobrepase el tiempo de vida.

Es bueno ser un padre o una madre excelentes, unos hijos amados, unos abuelos imborrables, unos amigos inmejorables, un desconocido que se abre y se entrega y escucha y consuela y comparte y contagia lo que tenga de bueno.

Que nuestro paso por este mundo y por las vidas de otras personas no sea invisible.

Dejemos que la generosidad de nuestra alma se exprese.

Permitamos que nuestra bondad no se estropee por falta de uso.

Dejemos huella.

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Francisco de Sales


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La Vida No Tiene Sentido

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, el Viernes, 17 de Marzo de 2017 a las 16:26h en La Vida No Tiene Sentido
LA VIDA NO TIENE SENTIDO


En mi opinión, la vida, por sí misma, no tiene un sentido salvo el de caminar imparable e inevitablemente hacia la muerte.

Cualquier otro sentido que se desee para la vida -para ese espacio que abarca desde el nacimiento hasta la muerte-, lo tiene que aportar uno mismo. Cada uno mismo.

Si la vida –como naturaleza o cosa general, sin personalizarla en cada uno- tuviera un sentido, sería el mismo sentido para todos, y eso haría innecesaria la búsqueda en la que nos embarcamos para –de un modo consciente o inconscientemente- darle sentido. Sentido, en cuanto razón de ser o finalidad.

Es evidente que cada uno, con su voluntad o su desatención, va tomando una dirección que difiere en todos los casos, puesto que cada uno lleva en su mochila los inconvenientes que ha decidido o que otros le han procurado o, por el contrario, hace que sea liviana y cómoda, pero cada uno lleva un ritmo distinto y hasta una dirección distinta –a veces, incluso a contracorriente, en una trayectoria opuesta-, y cada uno tiene unos intereses distintos, y hasta una forma distinta de ver o sentir ese camino.

Así que cada uno ha de ocuparse de la mochila y de la dirección, y esto es muy conveniente porque si no se hace bien es muy posible que uno vaya arrastrando cosas innecesarias –que son muy pesadas y se convierten en un incómodo obstáculo- y que, además, vaya por un camino distinto del que en realidad le gustaría hacer.

Esto requiere mucha atención y mucha responsabilidad, y ambas son necesarias para poder tomar la dirección adecuada del modo adecuado y dotar a la vida del sentido que queremos que tenga.

Hacerlo así nos aportará, además de felicidad, la sensación de estar haciendo lo correcto y de estar en el sitio adecuado, la satisfacción de ser conscientes de nuestra vida y de ser sus gobernantes y no sus sufrientes, además del impagable sentimiento de estar en paz y armonía, y el estremecimiento sensacional del deber cumplido y las cosas bien hechas.

Es uno mismo, y no el destino, ni siquiera el azar, quien tiene que tomar tan difícil –a veces- y maravillosa decisión: la de encauzarse, la de dotar a su vida de lo que uno quiere que tenga su vida.

¿Qué es lo que quiero para mi vida? Esta es la pregunta adecuada.

No se trata de ¿Qué es lo que tiene que tener una vida para que tenga sentido?, porque cada vida es distinta y cada sentido de la vida está absolutamente personalizado. Si uno vive las expectativas de los otros siempre le parecerá que está viviendo una vida ajena –y así es- y por lo tanto esa sensación de inquietud o insatisfacción o vacío o rabia que aporta la vida sin sentido se seguirá repitiendo.

Cada persona tiene un modo particular de enfocar o de entender algo, y para cada persona las satisfacciones y la plenitud vienen de un sitio distinto. Aunque todas las vidas acaben confluyendo en la muerte, el camino hasta llegar a ella ha de ser personalizado, cubriendo en la medida de lo viable las ilusiones sensatas que cada uno haya elaborado para su vida, y conteniendo todas las satisfacciones posibles y los ingredientes que le quiera añadir, habiendo respetado las normas que cada uno ha creado para obrar de acuerdo con su conciencia.

En mi opinión -la del día que escribo esto-, sigo pensando que lo que las personas buscamos es la paz. Sentirnos en paz con nosotros mismos. Aceptarnos desde la comprensión. Amarnos en la pequeñez y en la imperfección. O sea, VIVIR EN PAZ.

No hay una fórmula universal para “el sentido de la vida” que podamos aplicar todas las personas. Todos partimos, eso sí, de unos principios básicos que sería conveniente respetar, pero el resto ha de ser añadidura personal

A lo largo de lo escrito aparecen apuntadas algunas ideas esenciales, pero insisto en la necesidad de que sea cada uno, de acuerdo a sus circunstancias, quien lo decida, sin presiones externas y sin seguir ningún modelo estandarizado, y quien lo lleve a cabo.

Te garantizo que hacer esto será la mejor inversión de tu vida: Invertir en calidad de vida dotando a la vida del sentido deseado.

Es ponerle VIDA a la vida.

Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales


“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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