Tarotistas Buenas
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Más información sobre nuestra Política de Privacidad
Foros Gratis de Discusión, Foro para hablar opinar y debatir. ¡Anúnciate!

Retroceder   Foros Gratis de Discusión, Foro para hablar opinar y debatir. > Cine, Arte y Literatura > Literatura

Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #1 (permalink)  
Antiguo 17-02-2013, 18:27:49
Novat@ de Foros24h
 
Registrado: feb 2013
Ubicación: Barcelona
Posts: 1
Predeterminado Antigua Vamurta Gratis

Antigua Vamurta (Volumen 1), de Igor Kutuzov, es una novela de literatura fantástica. Un libro de fantasía con reloj de novela histórica. Una historia épica, de amor, guerra y esperanzas. En abril 2013 se publica la segunda y última parte.

Sólo hoy y mañana la podéis descargar gratis en amazon. Os dejo los enlaces y más abajo la portada y la sinopsis.

- Amazon España: Antigua Vamurta (Antigua Vamurta. Volumen 1) eBook: Igor Kutuzov, Lluís Viñas Marcus: Amazon.es: Tienda Kindle
- Amazon.com: Antigua Vamurta (Antigua Vamurta. Volumen 1) (Spanish Edition): Igor Kutuzov, Lluís Viñas Marcus: Amazon.com: Kindle Store




Sinopsis

El devastador asedio a Vamurta, la capital de los hombres grises, lo cambiará todo para siempre. La caída de la ciudad se narrará como un suceso épico y descarnado. Vamurta agoniza esquilmada por la barbarie, y sus habitantes emprenden una huida por mar, que los llevará a los lejanos puertos de las colonias. Para muchos de ellos, comienza una epopeya hacia tierras inhóspitas, hacia parajes extraños aún por descubrir.
Serlan de Enroc, el más poderoso de los hombres grises, se convierte en un fugitivo. Pronto deberá enfrentarse a un viaje impredecible. A una vida dura, cincelada por las manos de los dioses y el azar. A una epopeya que mostrará su verdadero rostro, sus dudas, su coraje.
Tres mujeres trazarán el destino de Serlan, y en ellas hallará el amor, los anhelos y las fuerzas perdidas para encontrar su lugar en el mundo. Un mundo donde las luchas por el dominio territorial se recrudecen en una guerra intermitente entre civilizaciones, marcada por la fragilidad de las alianzas.
La leyenda vuelve a ser escrita a golpe de acero y fuego.



Fragmento:

Desde donde se hallaba se podían escuchar susurros que se perdían. Llegaban luces oscilantes, las blancas luces del sol. Hacía calor y sudaba. El dolor de la herida había crecido hasta colmar su cuerpo y doblegar su voluntad. Al entreabrir los párpados, le pareció que unas sombras atravesaban los haces de luz que se proyectaban sobre su cama. Intuyó que no se encontraba solo, que algunos lo acompañaban. Desde el exterior llegaba el rumor de una ciudad, una ciudad que jadeaba asustada. Logró razonar unos instantes. «Los dioses que tanto me han dado, hoy parecen negármelo todo».
Los recuerdos de esos últimos días se entretejían, sumiéndolo en la confusión y la pérdida. ¿Eran palabras lo que oía o el rumor del oleaje? La fiebre volvía a galopar en sus arterias, tiritaba como un niño. Alguien aplicó una tela húmeda y fría sobre su frente ancha. Sintió que la piel, áspera y gris, era refrescada por una leve corriente de aire.
La realidad se fundía de nuevo, esas voces se alejaban, los claros en la habitación desparecían. Cerró los ojos. Necesitaba ordenar, necesitaba saber dónde se encontraba. De golpe, se incorporó de la cama. Gritó, preguntó por su madre con desespero hasta que flaqueó, desplomándose sobre las sábanas para volver a navegar entre pesadillas. El incienso que se consumía en la estancia aligeraba el peso de sus propios olores, el hedor de un enfermo mezclado con las secreciones de la herida. Volvió a un estado de duermevela, sumergido en un baño de emociones. En aquel rincón de reposo el mundo era un lugar sin tiempo.


Debía de ser muy pronto. Cerró y abrió sus puños, se palpó la cara con prudencia, como si concibiera la posibilidad de descubrir a otro. Haber perdido el paso de los días y de las noches le producía una vaga sensación de vértigo. La fiebre había remitido. Ahora era capaz de observar su entorno y volver a situarse.
El techo de la cámara era un gran lienzo, escenas de combates de los padres de su pueblo. Se habían aplicado pocos colores. Dominaba una textura color tierra punteada de azules y tonos más oscuros. En el centro del fresco, un grupo de hombres grises traspasaban con largas lanzas los esbeltos cuerpos de los murrianos, agrupados en un extremo del mural, dibujados con una idéntica expresión de terror, alineados como si se tratara de un rebaño que espera el sacrificio. Algunos intentaban escapar y eran dibujados huyendo a la carrera hacia el otro extremo del mural, ahí donde se vislumbraba el horizonte, bajo el que se distinguían las grandes montañas del oeste. A la derecha estaba representada Vamurta, con su gran anillo amurallado. De la ciudad salían filas y más filas de soldados, los cascos azulados, bajo los estandartes negros y blancos del condado.
Su mirada abandonó el fresco, desplazándose hasta la pared que tenía justo enfrente. Encontró una amplia estantería de roble que llegaba hasta el techo. Ahí se guardaban gruesos volúmenes de cuero viejo. Libros de doctrina religiosa, de ciencia y arte, las Leyes Dantorum, tomos de caza y algún tratado naval.
Era su habitación. Veía el armario de armas abierto a la derecha de la balconada. Tamizada por delgadas cortinas blancas, se filtraba la claridad fría y limpia del amanecer.
El dolor volvía a quemarlo como un fuego sin llama. La pierna. Un dolor negro y silencioso que conseguía romperlo. ¿Qué había pasado? Se retorcía sobre las sábanas, cerrando los puños con fuerza. Dejó escapar un alarido. ¿Cuándo? ¿Por qué todo se despedazaba? Sus certezas y recuerdos temblaban. ¿Qué hacía en su propia cama, herido? Sabía que nadie los había visto llegar. Se mesó la negra barba, de pelo liso, después el rostro de piel ligeramente gris, propia de su raza. Estiró el pie izquierdo hasta notar cómo los huesos crujían. Recordó lo vivido, los acontecimientos que se habían sucedido con gran violencia, uno tras otro sin que nadie los pudiera frenar. Los hombres grises no estaban preparados. Nadie había previsto la ofensiva del pueblo murriano.
Le pareció recordar que había despertado dos jornadas atrás en algún punto cerca de la capital, tras la batalla, aunque no estaba seguro. Estaba allí, aturdido sobre hierbajos a merced del viento. Se había medio incorporado sin entender dónde se encontraba. Rememoró el desconcierto de aquel que vuelve a la vida en un paisaje de pesadilla que al principio no reconoció. Sombras, manchas de luz mortecina. El cielo, una gran franja azulosa apagándose, se extendía por encima de la línea del montículo que se elevaba frente a sus ojos. El silencio del crepúsculo, cuando los latidos del día se retiran.
Desde su cama recordó ese lugar incierto en el que recuperó el conocimiento tras la contienda. Un fuerte mareo lo obligó a permanecer de rodillas, exhausto, atormentado por una terrible sed. No sentía la lengua ni los labios cuando volvió en sí. Sabía que necesitaba agua para abrir esa masa de arena que era su boca. Le llegó un rugir lejano, lamentos diluidos por la distancia. Volvía a caer. Era incapaz de levantarse. Muy confundido aún, sus manos aterrizaron sobre algo frío y viscoso. Apoyado sobre un solo brazo se miró la palma de la mano. Roja, aquello que se adhería a su piel gris era sangre. El espanto. El miedo le devolvió los sentidos. Se encontraba rodeado de cuerpos sin vida, se había incorporado de entre los muertos.
Veía bultos, hombres y mujeres cubiertos de barro seco, manchados, algunos agarrados al asta de las lanzas, ahí una mano aferrada al pomo de una espada. Una gran extensión sembrada por los restos de la batalla, un campo reventado, como un naufragio. Cuerpos amontonados siguiendo las ondulaciones del terreno, acariciados por la luz morada del anochecer. Volúmenes inmóviles de los que sobresalían cabezas, banderas arañadas y brazos.
Sobre el manto de los cuerpos inertes, los buitres trazaban amplios círculos hasta aterrizar con gran parsimonia sobre los cadáveres para desgarrar y tomar su tajada. Oía a su alrededor el aleteo incesante, los grandes pájaros levantando el vuelo, allí había uno dando pequeños brincos entre los muertos. Intentó entender qué había sucedido.
Solo, al pie de una loma de piedras, abrasado por la sed, sucumbió al impulso de remover los cuerpos, frenético, sin percibir el gran hedor que, como una niebla espesa, se adhería a todo lo que estuviera a ras de suelo. Levantaba piernas, giraba barrigas, volteaba corazas, hasta que encontró un pellejo de agua.
No había mucha, dos tragos cortos. Exhaló aire. Inmediatamente después de beber, su olfato percibió todos los matices de la podredumbre. Notó un golpe bajo su esternón, hasta tres veces sintió la subida del vómito...
Consiguió dar dos pasos. Había que subir hasta esa loma. Debía huir de ese lugar.
Digg this Post!Add Post to del.icio.usBookmark Post in TechnoratiFurl this Post!
Responder Con Cita
Respuesta


Herramientas
Desplegado

Cerrar Normas de Publicación
no Puedes crear nuevos temas
no Puedes responder a temas
no Puedes adjuntar archivos
no Puedes editar tus mensajes

El código vB está habilitado
Las caritas están habilitado
Código [IMG] está habilitado
Código HTML está deshabilitado
Trackbacks are habilitado
Pingbacks are habilitado
Refbacks are habilitado



La franja horaria es GMT +2. Ahora son las 22:36:07.

Foro: Literatura

Tema: Antigua Vamurta Gratis


Powered by vBulletin® Version 3.6.8
Copyright ©2000 - 2017, Jelsoft Enterprises Ltd.
Content Relevant URLs by vBSEO 3.0.1 Política de privacidad

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420