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Antiguo 10-11-2010, 18:36:43
Septimo Septimo is offline
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Predeterminado

En la vida nos pasan cosas desagradables, una de ellas es el acoso laboral, bonito nombre. La mayoría de las veces es una mezcla de envidia, celos y miedos que son los que generan en los acosadores esa actitud. Se suele dar frente a personas inteligentes, capaces y útiles, personas que por un motivo u otro destacan, pero que por ese azar tampoco cuentan con una posición estable, sea de índole laboral, social o de cualquier tipo (no le hacen moobing al hijo del dueño, salvo el propio padre, en cualquier caso). Uno de los factores más importantes es el entorno, el ambiente. Por desgracia la mayoría, por esos mismos sentimientos ante la víctima o por el miedo propio a conservar el empleo, el cual disfrazan con la fidelidad al opresor, suelen cuando menos mirar a otra parte si es que no llegan a participar actívamente, justificando sus actos de las formas más absurdas y ridículas. Da igual quien sea y lo que se haya hecho. El veredicto está tomado y la presión, el vacío, las constantes miserias humanas afloran a diario.

Es un mal de esta cínica sociedad que en estos tiempos de crisis aumenta en proporción a la inestabilidad, la precariedad y el abuso que se da en el trabajo.

Ya ves que pasé eso, hace unos años.

No puedo decir que mis males sean motivados por ello, ya pasé mayores desgracias de niño, que probablemente marcaron mi carácter, y otras luego a lo largo de los años que mojaban un campo ya de por sí embarrado. Pero no deja de ser cierto que ha sido una de las crisis personales más agudas que he vivido. Fueron varios años y el desenlace final del paro, de la sensación de fracaso, no ayuda nada. Una experiencia que si no se vive no se imagina uno qué es y hasta que punto influye en la vida personal e incluso familiar. A veces no sólo se pierde el empleo.

Después de aquello conseguí otros trabajos, pero se puede decir que ya andaba quemado, no era el mismo optimista luchador, y ya no era capaz de soportar a los miserables que tanto abundan y que suelen llevar las riendas de lo que fuere. De una manera u otra piensas que no merece la pena en cuanto ves que las cosas son como son, la mayoría de las veces.

Al final decidí opositar y dejarme de esas historias, aunque no todo el monte es orégano.

En cuanto a la depresión, yo creo, esto es algo muy personal, que cuando se llega a esto no se sale del todo, salvo determinadas en determinadas circunstancias, que pueden ser más o menos temporales. Es como un camino que ya se ha andado, siempre quedará la vereda y es más fácil volver a pasar por ahí. De todas maneras se sale, momentáneamente o por largos periodos, y quizás se es más consciente de las cosas que verdaderamente son importantes.

Si te sirve mi experiencia, se sale, pero se vuelve a caer, y se vuelve a salir, y otra vez abajo. Pero si te rindes es cuando no puedes con ello.

Siempre repito lo mismo, no es cuestión de autocompadecerse pero sí quizás de ser algo más compasivos con nosotros mismos. Si nos hubieran herido en la guerra entenderíamos esa cojera de por vida...Son heridas de guerra, y duelen aunque haya pasado mucho tiempo.
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