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Antiguo 22-07-2012, 00:16:50
artualdo artualdo is offline
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Predeterminado relativamente no se retrasaba el tiempo sino la imagen del reloj lejano

lo engañoso de la imagen en el otro universo

En un tiempo no muy lejano ocurrió el insólito incidente mencionado a continuación, confundiendo a los habitantes de un vasto país, asentado en la parte interior de un asombroso planeta, plano como una tabla, llamado Maera, y que por la acción de muchas impecasias –cosa esta que se asemeja, a lo que se conoce aquí como una fuerza– flotaba, mientras viajaba presuroso y giraba, haciendo orbitas en medio de un abismo de tamaño majestuoso, que se precipitaba hacia lo sombrío y desconocido que estaba en el espacio de ese otro cielo. Todo esto acaecía en el Roguloso, o universo paralelo a éste, en donde la luz no corría tanto como lo hace aquí, ya que tan solo transitaba a un sesentavo de lo que corre en este otro firmamento de acá.

Ya fuera durante la clara mañana, que se experimentaba detenida durante un lapso de tibia calma, en cualquier rincón de Maera, o durante la sombría tarde, que aunque se percibía triste satisfacía por la tranquilidad, vivían habitualmente satisfechos aunque no meditaran mucho en ello; por lo tanto no faltaban los apuros, las discrepancias y demás sabores altibajos característicos de cada día. Era difícil, pero no imposible, encontrar alguno que entendiera en el tiempo presente lo que significaba la escasez, debido a que su madre Maera, además de inmensa se mostraba dadivosa y no había un pensamiento capaz de comprender su fertilidad, o de hacer por lo menos un esbozo mental aproximado sobre la extensión de ella.

En el clenio de Maera, o punto cardinal, se encontraba la ciudad de Banteno, habitada por los maleros. Gustaban ellos mucho de observar constantemente hacia el lado opuesto del país. Valiéndose de artefactos sofisticados para mirar desde lejos, podían los maleros contemplar abundantes escenas de la vida cotidiana en Chinero, distante de Banteno dos horas luz y al otro lado de la nación. Siendo la mayor atracción para los sampiales varones, o las samprialas mujeres de esta ciudad, los habitantes del sexo opuesto del otro territorio. Luego de calmar el apetito de contemplar, los que se deleitaban al regalar su gusto con estos pasatiempos; como el que salido del desierto bebe sediento; paseaban su mirada por otros poblados y ciudades, menos alejadas que la de Chinero. No dejaban de ver muchas veces los relojes siempre atrasados, que se observaban en las fachadas de edificios antiguos y nuevos –de diferentes estilos y con diferentes propósitos–, adheridos a las torres más elevadas de las construcciones que se veían en todo el trayecto del catalejo, saltando de pueblo en pueblo hasta casi llegar a Banteno. Si su atención no hubiera estado puesta solamente en las chineras o en los chineros, o en algunas otras hermosuras que se veían desde lejos, enhorabuena los maleros hubieran notado, que entre más alejada estaba la ciudad observada por medio del anteojo, más retrasado se veía el reloj sobre cualquier edificio, y en la medida en que se acercaba a la ciudad suya, menos retrasado se veía cualquier reloj montado sobre las fachadas de aquellas edificaciones.

Pensaban ellos que la luz era producto de un fenómeno instantáneo, conocido ya, y por medio del cual se movían las comunicaciones: la radio, la televisión, o los teléfonos inalámbricos. De todas maneras, no eran pocos los que se sentían intrigados de ver que los relojes de las otras ciudades, vistos a través del potente telescopio manual, siempre se veían retrasados diez minutos, media, una hora, dos, y más, de la hora oficial del país de Maera. En Oracri, población cercana a la urbe principal del país, Vitresol, vivía Nudilio, personaje de ánimo indiferente en muchas cosas pero despierto para otras, y quien se sentía con el único deber de velar por su familia. Estando un día, lleno del encanto del descubridor, observando por primera vez a través del catalejo, le llamo la atención el ya dicho desconcierto que habían notado muchos, en relación a los relojes que se veían atrasados respecto al que tenía al lado el observador. Como Nudilio contaba con muchos amigos, dispersos por muchas de esas metrópolis, resolvió llamar a Patecio en la tumultuosa población de Sinua, distante de Oracri media hora luz. Después de saludarse y reconocerse contentos luego de tantos días sin hablar, Nudilio le planteo la intriga desconocida para él, pero que para su amistad no era nueva.

– !Si sampial! –le respondió el otro, con acento entre jocoso y fastidiado–, no eres el primero al que escucho con esa intriga, que también es mía. Créame, yo ya lo pensé, pero no importa, todo esta bien.

– Pero como va a estar bien, si en todas las regiones de Maera los relojes marcan horas diferentes. Aquí en Oracri tengo las diez de la tarde, pero en el reloj de tu ciudad estoy viendo que son las nueve y media. ¿Que hora tienes allá en Sinua? –Procedió a preguntar Nudillo, seguro de la vista que le daba el artefacto–.

– Pues mira amigo, aquí tengo la misma hora en mi muñeca que la que tu tienes allá, y si salgo a la calle en todos lados la hora estará igual.

Admirado Nudilio del extraordinario desconcierto en que se encontraba, e implorando exasperado la ayuda del dios Prilemo, al tiempo que retomaba el anteojo desarrollado por la compañía Asmilaro, reclamo la verificación de su amigo al otro lado.

– !Verifícame el dato compañero! Como puede ser esto, que la hora que miro desde lejos no es la misma que tu me estas diciendo.

– Ya te lo dije, aquí como en todas las naciones de Maera son las diez; perdón, son las diez y cinco de la tarde, –contesto Patecio; luego de mirar con desgana burlona otra vez su muñeca–.

– ¿Y como es que yo veo desde aquí el reloj de la torre del santuario de la bendita Dolauce, que esta dando las nueve y treinta y cinco de la tarde?

– !Exacto!, tú lo ves a esa hora, y sin embargo yo lo estoy viendo a las diez y cinco minutos. !Explícamelo tu amigo! –Se limito a exclamar el también indiferente Patecio–.

Entre atareado y prudente estuvo los días siguientes el ahora inquieto Nedilio. Cambiando de anteojo por uno más potente, miro los extremos más distantes y habitados del planeta, en donde se encontraba la última y más pobre cabaña alejada de la civilización; sin dejar de notar innumerables veces el mismo desfase. No se dio cuenta en esos momentos, pero lo que observaba con su vista a través del anteojo siempre era una representación de algo que ya había ocurrido. Él no notaba esta particularidad, porque jamás se le ocurrió pensar, que sus ojos, al mirar una imagen que llegaba de tan lejos, miraba solo una estampa retrasada de algo ya acaecido; pues las imágenes viajaban con la luz y se tardaban en ir de un sitio a otro lo mismo que se demoraba ella.

Cosa semejante a la anterior, aunque con condiciones adicionales que la hacían diferente, fue lo que le paso cuando converso con su amigo. Como la voz que transmitía el inalámbrico era instantánea, el dato de la hora a través de la palabra era el mismo en cualquier lado; si bien la imagen se veía retrasada. Mirando Nedilio de Oracri el reloj de su muñeca, y oyendo por el celular que esa misma era la hora exacta en Sinua, pero viéndola atrasada en el reloj empotrado sobre la torre del santuario, por medio del potente anteojo, no podía surgir otra cosa diferente a la confusión.

Muchas de las cartografías que se extendían más allá del Sorina, o superficie habitada de Maera, correspondían a ubicaciones tan distantes que terminaban abundando en supuestos, deducidos simplemente de lo más lejano que se alcanzaba a distinguir con la vista a través de los potentes telescopios. Entre tempestuosos y sosegados mares, islas, playas y montañas, eran incontables los parajes hermosos que se apreciaban por medio del catalejo, llenándolos seguramente de más primor el saber que ningún sampial podría llegar nunca hasta ellos; o quizás, alguna admiración por el lugar no se suscitaba por lo inalcanzable de el, sino que, solamente obedecía a la delicada tranquilidad que regalaba aquella lejana visión callada. De todas maneras, aun con la más avanzada tecnología para el transporte, ni siquiera el Sorina permitía su recorrido fácilmente. Se contaban entre sus puntos más extremos Lovitio, urbe que se levantaba en las faldas de la cordillera de Silsonpea, y Kadeskado, ciudad que se encontraba hacia el Celinéo, o punto cardinal, en la ultima pendiente de un extenso ramal de la cordillera de Mariamina, ambas, separadas por ocho horas luz. Si se pensara que esta era instantánea y no se tuvieran en cuenta otras características con que se manifestaba el natural ser de ella en el Roguloso, y no se considerara suficientemente la disposición del sistema orbital que gobernaba al planeta y su luminaria,................

La cuestión en la hora del reloj que se encontraba alejado: el retraso de la imagen venida de lejos, que se demoraba lo mismo que se tardaba la luz en traerla, y el consiguiente atraso en la hora representada por el reloj de dicha imagen, tuvo especial actualidad luego que el metrasdo empezó a transitar y comunicar las ciudades. Unido a la maquina y a la vía, se levantaron las estaciones, unas más elevadas que otras, las construidas en las metrópolis nombradas,..............

lo engañoso de la imagen en el otro universo - José David Salcedo Baquero - mixoto
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